I: El tiempo
La Guerra de la Independencia de Venezuela no es como a uno le dicen, fue mucho más complicado. Desde que llegaron los españoles, tomando en cuenta que antes los españoles había era un poco de indios anárquicos que pasaban el tiempo matándose los unos a los otros y consumiendo la flora autóctona, rica es especies alucinógenas (exceptuando una esquinita del país que sí era un sitio desarrollado pero que quedó con el estigma de la estupidez de todo un país), se formó una complicada estructura social de castas que limitaba el acceso al poder político y económico de los impuros, los resultados de las aventuras alocadas de los españoles que llegaron después de tres meses de travesía en barcos llenos de hombres.
Los nacidos en España tenían los derechos de exclusividad de los cargos públicos, tipo DirecTV; los descendientes de éstos pero nacidos acá, los blancos criollos, también llamados mantuanos, eran los grandes terratenientes, hoy serían los dueños de los medios de producción social; los indios que no terminaban de entender a esa gente rara que venía de sabrá dios dónde y entre que eran excluidos y que ellos se aislaban podemos decir que no pintaban mucho en el cuadro de la sociedad colonial (paradoja); los esclavos que eran esclavos y entonces no importaban para nada y el último grupo, el más numeroso, los pardos, los resultados de las aventuras de los españoles libidinosos. Todo esto se mantenía así porque la población no se atrevía a desafiar la autoridad real agraciada por el conveniente apoyo de la Iglesia católica y toda su maquinaria de psicoterror (fíjense por ejemplo en lo cagante que son los santos de la época colonial, puro psicoterror). No había ser humano en estos predios del señor que se atreviese a desafiar su santa autoridad, es así de sencillo, su real y santa y pontífica y todopresente y omnipoderosa amén.
Para estas fechas, pero hace casi ya 200 años, los mantuanos querían poder optar a cargos políticos y se sublevaron contra la autoridad de la metrópolis. Inspirados en las ideas ilustradas europeas quisieron inventarse un país donde fuesen los dueños absolutos del poder político, la tierra y la mano de obra; se inventaron hasta un acta de independencia y un ejército. Pero no les fue bien en eso. Para 1813 empiezan nuevamente los intentos de los mantuanos para ejercer la autoridad sobre la tierra que los vio nacer
que ellos creían les correspondía. Esto se conoce como la Segunda República.
Por el oriente del país estaba un tal Santiago Mariño, quien logró desembarcar en tierra firme y logró controlar las provincia de Cumaná, Barcelona y Margarita. Desde Colombia venía un tal Simón Bolívar quien se lanzó una avanzada toda violenta hasta la capital, declarándole la guerra a muerte a los españoles en el camino. Una reunión entre los dos ejércitos no fue posible por las aspiraciones de Mariño de convertise en el principal caudillo de las provincias orientales y las de Bolívar de convertise en el principal caudillo del país.
II: El lugar y su gente
Los Llanos son una zona de sabanas caracterizada por su asqueroso calor. Ubicados en todo el medio de Venezuela están rodeados al norte por las regiones costeras tradicionalmente más desarrolladas, al oeste por el macizo andino venezolano, al sur por la selva amazónica (claramente limitado por el río Orinoco, el más grande de Venezuela) y al este por el delta pantanoso del Orinoco y la región selvática de Maturín. En los llanos se alternan dos estaciones semestrales de sequía y lluvias extremas; las sabanas resecas y llenas de cascabeles donde no parece haber agua por ningún lugar y donde el horizonte se ve humeante y distante por culpa del calor y la ausencia total de elevaciones se vuelven enormes extensiones inundadas y llenas de anacondas y caimanes de una estación a otra. Los habitantes de esta zona, los llaneros, estaban acostumbrados a una vida especialmente dura. Normalmente pasaban la mayor parte de su vida cabalgando semidesnudos y alimentándose de la carne salada que guardaban debajo de sus monturas y que se cocinaba por el mismo sudor del caballo.
Alexander von Humboldt opina al respecto: “Si antes de la llegada de los españoles hubiesen existido los llanos y las pampas colmados de esos numerosos rebaños de vacas y yeguas que hoy pacen ahí, Colón hubiera encontrado la especie humana en un estado muy diferente (…) la América entonces, como el centro de Asia, habría tenido conquistadores que, ascendiendo las llanuras sobre las altiplanicies de las cordilleras y abandonando la vida errante, habrían avasallado los pueblos civilizados del Perú y de la Nueva Granada, derribando el trono de los Incas y del Zaque y reemplazando el despotismo que engendra la teocracia por el despotismo que nace del gobierno patriarcal de los pueblos pastores”.
La situación de confinamiento del Llano forzaba un estrecho vínculo comercial con las provincias del norte, el cuero y el ganado era exportado por las provincias de Barcelona, Cumaná y Puerto Cabello. Sin embargo, cuando los misioneros capuchinos colonizaron las regiones del bajo Orinoco, las mercancías llaneras bajaban por esta ruta natural que se prestaba para la evasión de impuestos hasta el Océano Atlántico. En palabras del colombiano Indalecio Liévano Aguirre, en su biografía de Bolívar encomendada por Jaime Lusinchi en persona, “Esto dio origen a un extraordinario incremento del contrabando y al aumento de las gentes que, organizadas en partidas armadas, corrían los peligros propios de esta clase de tráfico y llegaban hasta a atacar los mismo hatos para robar el ganado, cuyos cueros vendían.”
El ejército de los nómadas semi-civilizados que Humboldt imaginaba hubieran surgido para subyugar al poder indígena andino y que no apareció por la ausencia de caballos se terminó formando por motivos económicos y, aunque dispersa, esta masa humana estaba lista para ascender a la Sierra para avasallar con su violencia elemental a las poblaciones sedentarias de las altiplanicies, a los pueblos más desarrollados de la costa.
III: El Asturiano
José Tomás Bobes de la Iglesia nació el 16 de septiembre de 1782 en Oviedo, Asturias, España. Era un hidalgo de gotera, lo que significa que tenía privilegios de hidalguía (el estamento inferior de la nobleza) siempre y cuando no cambiara de ciudad su domicilio. Su padre, Manuel de Bobes, murió en 1787. Podemos también agregar que murió pobre ante la ausencia de testamento alguno, y dejó tras de sí a tres hijos: María, Josefa y José Tomás. La vuida de Manuel de pronto se vio sin fuente económica alguna y resolvió irse a Gijón, cuidad porteña de Asturias, con sus tres hijos. Para esa época, la flota de este puerto se estaba recuperando de una ruina de su pesquería y comercio marítimo, estaba reconstruyendo su flota y estaban dictándose leyes para incentivar y proteger el comercio, incluyendo una que abría Gijón al comercio con las colonias americanas. La viuda de Bobes logró establecer un taller de costura con lo que pudo lograrse cierta estabilidad económica, lo que permitió que José Tomás entrase con la precoz edad de once años al Real Instituto Asturiano de Gijón para estudiar para piloto. Una vez graduado comenzó a trabajar para la firma “Pla y Portal” que tenía una fructífera flota mercante que importaba mercancías de los puertos de Puerto Rico, Cuba, Curaçao, Trinidad y Venezuela.
Ya para 1803, con 21 años de edad, Bobes ya era un operador comercial conocido en el puerto de La Guaira hasta que entre 1807 y 1808 José Tomás tuvo algún inconveniente legal indeterminado, la mayoría de las hipótesis apuntan que fue condenado por contrabando, y fue condenado a reclusión en el Castillo de San Felipe en Puerto Cabello. Los Jove, poderosa familia guaireña, intercedieron en su favor y su pena fue cambiada a la de reclusión el la Villa de Todos los Santos, mejor conocida como Calabozo, en el corazón de los Llanos venezolanos. Pero, y aunque el nombre indique todo lo contrario, nada más distante a un calabozo que Calabozo. Enclavada como puerta que daba paso a la inmensa llanura, era un centro de distribución de cueros, ganado, caballos y yeguas para las provincias costeñas y un lugar donde alguien como José Tomás podría salir adelante. Es una vez establecido en Venezuela que empieza a ser conocido como Boves en vez de Bobes, apellido muy común en Oviedo y cuyo nombre se deriva del lecho de un río, según Edgardo Mondolfi Gudat.
Al establecerse en Calabozo, se sabe que José Tomás montó una pulpería, el equivalente de los modernísimos abastos, y no tardó en desacatar la sentencia que lo había reducido a Calabozo iniciando un fructífero comercio por los Llanos. Ya para el año 1810 era conocido en la región por sus actividades comerciales. Sin embargo, al ser un expresidiario tuvo que luchar contra los prejuicios de la sociedad de castas colonial.
Ese mismo año comienza la Revolución de los Mantuanos, los primeros pasos del movimiento independentista venezolano. Para 1812, cuando la Primera República estaba agonizando ante la onmipotencia de los ejércitos realistas de Domingo Monteverde y la turba de negros sublevados que amenazaban con invadir la capital, Boves es acusado de ser un agente de la causa realista y es apresado por “esparcir funestas noticias con sediciosas miras”, se embargan sus bienes y se mantiene durante 10 meses en reclusión. Cuando Monteverde comienza la avanzada final desde San Carlos para tomar Caracas tomando la ruta de los valles aragüeños, manda en avanzada a Eusebio Antoñañzas para que abriese operaciones en los llanos guariqueños. Al llegar a Calabozo y liberar a los presos políticos de los revoltosos, un hombre más se suma a su ejército, José Tomás Boves.
IV: El Taita
De ahí en adelante Boves iniciará una carrera militar que lo llevará a ser el amo de Venezuela para 1814. El marinero devenido en pulpero ahora se convertiría en el primer gran caudillo de masas del país, el primer dolor de cabeza para los insurgentes y los realistas, el principal exponente del psicoterror que haya andado por estas tierras. Boves inició una ola de deserciones en las haciendas venezolanas, los esclavos se sublevaban y se unían al ejército de Boves que los esperaba con la promesa del saqueo después de la aniquilación sistemática de la raza blanca que había sumergido en la miseria al grueso de la población de aquella colonia olvidada. Ya estamos de nuevo en 1813, acá se acaba la figura del marinero caído en desgracia y condenado a un mar de sabanas y empieza la figura paterna que sembró destrucción por todo el país, el primer hombre que utilizó esa fábrica de soldados que terminó liberando todo un continente, el llano venezolano.
Hay que tomar en cuenta que el Decreto de Guerra a Muerte emitido por Bolívar fue tomado en serio, y las ejecuciones sumariales de españoles eran práctica común en todos los lugares donde llegaba el ejército patriota. Leandro Palacios, comandante del Puerto de La Guaira, en un informe a Bolívar informa que degolló en el 13 y 15 de febreo de 1814 a más de 500 españoles, concluyendo el 16 con aquellos “(…)españoles y canarios que estaban enfermos en el hospital, último resto de los comprendidos en la orden de Su Escelencia.” En respuesta Boves emite una circular que resuena por todo el llano en donde proclama “Por la presente doy comisión al capitán José Rufino Torralba, para que pueda reunir cuanta gente sea útil al servicio, y puesto a la cabeza de ellos, perseguir a todo traidor y castigarlo con el último suplicio; en la inteligencia de que ’sólo un credo se le dará para que encomiende su alma al creador’, previendo que los intereses que se recojan de esos traidores serán repartidos entre los soldados que defiendan la justa y santa causa”.
Seguramente la población vio con resignación como se veía rodeada por dos bandos que sólo dejaban destrucción y muerte a su paso. Las informaciones que llegaban al norte insurgente eran confusas, pero la noticia de un ejército naciente de negros y pardos al mando de un pulpero asturiano de Calabozo que amenazaba ferozmente la existencia misma de la causa insurgente empieza a inundar los partes que llegaban desde los Llanos. Bolívar no logra reunirse con Mariño a tiempo, probablemente porque el prócer margariteño se rehúsa a abandonar los territorios orientales sobre los cuales ejerce un control férreo.
El ejército de Boves empieza a salir del llano y aunque es derrotado en varias oportunidades parece recuperarse con una rapidez que deja atónitos a los jefes patriotas, quienes pronto se ven batidos por la caballería de llaneros que se sentían invulnerables matando blancos y soldados patriotas en sus llanuras. Boves toma Calabozo y toma Ortiz, cuidad vecina hacia donde corrieron los mantuanos calaboceños al enterarse de la inminencia de la toma de su ciudad por el asturiano, pero que igual encontró la muerte a tan sólo unos kilómetros de la Villa de Todos los Santos. Su legado para Calabozo fue haber matado a todos los blancos y ordenar que se arrancaran las rejas de las casas para fabricar lanzas.
Boves luego toma Valencia, ciudad donde había sido derrotado el nuevo Capitán General de Venezuela Juan Manuel Cajigal, quien poco tardó en darse cuenta de que su subordinado desconocía completamente su autoridad al recibir un parte del asturiano donde decía que había recuperado la plaza y los pertrechos que su excelencia había perdido anteriormente. Lo cierto es que la toma de Valencia por Boves resalta por su crudeza. Luego de un largo sitio, la ciudad se vio obligada a rendirse. La aristocracia valenciana, famosa en el resto del país por su soberbia, decidió permanecer en la ciudad y Boves prometió respetar sus vidas durante una misa de campaña. La tradición oral apunta que a petición del asturiano se organizó un agasajo para recibirlo en casa del respetable señor Miguel Peña, donde se cruzan las calles de la Constitución y del Sol. Todas las familias mantuanas asistieron al evento, llevando exquisitos platos de comida en las más elegantes y ostentosas bandejas de plata. Cuando la fiesta estaba en su momento más agradable, el asturiano pidió que dejasen tocar a sus músicos llaneros para que los valencianos se deleitasen con la música del interior del país. Cuando sus músicos empezaron a tocar un corrido llamado “El Piquirico”, sus lanceros irrumpieron en el recinto alanceando a todos los blancos presentes. Esta pequeña travesura la repetiría luego en Barcelona y Cumaná, aunque no en Caracas.
Luego de tomar Valencia Boves toma rumbo hacia Caracas, topándose con una pírrica resistencia patriota en La Victoria. El ejército que comandaba el tío de Bolívar, José Félix Ribas, era tan improvisado y sufrió una masacre tan descomunal que el día de esa refriega se celebra el día de la juventud en Venezuela. Apartando ese contratiempo, la toma de Caracas ocurrió sin mayores contratiempos para el asturiano, quien a diferencia de Monteverde y Bolívar no se precipitó a instalarse en el centro del poder del país sino que se aseguró de eliminar toda la resistencia patriota que operaba en las montañas que rodean al valle de Caracas.
Al enterarse la población caraqueña de la cercanía del monstruoso Taita que venía seguido de su ejército de desadaptados salvajes, cundió el pánico y se produjo un éxodo masivo que colpasó el Puerto de La Guaira, donde pronto ya no quedaron embarcaciones disponibles para el éxodo frenético de caraqueños asustados. Luego de ver reducida su población por el terremoto de 1812, la entrada de Monteverde al caer la Primera República que desató un éxodo de patriotas y la entrada de Bolívar en 1813 que provocó un éxodo de realistas; una multitud desesperanzada partió por Los Dos Caminos rumbo hacia Barcelona, principal ciudad del oriente del país, el último bastión patriota. Antes del terremoto, la ciudad de Caracas tenía 40.000 habitantes; para cuando el Taita puso pie en la sucursal del cielo (probablemente por la cantidad de muertos que ya llevaba a cuestas) ésta sólo contaba con 5.000 habitantes. El éxodo provocado por la llegada del amo de los Llanos se había transformado en una caravana de 15.000 almas que peregrinó por las tupidas montañas desde Petare hasta Capaya, sitio desde el cual marcharon por el litoral barloventeño perseguidos por el ejército de Boves, quien había prometido 300 pesos a cada soldado si alcanzaban a la procesión de infelices que iba dejando sembrado de cadáveres y moribundos el camino a oriente. El ejército de Boves mientras tanto se aseguraba de que sólo quedasen cadáveres tras su estela. Al llegar a la altura de la Laguna de Tacarigua se forma un pasillo de arena entre el mar y las tierras pantanosas y llenas de caimanes de la Laguna. Perseguidos por las hordas de pardos y negros buscando venganza, quemados por el Sol y bombardeados por fragatas españolas; los mantuanos caraqueños siguieron hasta que finalmente sólo 4.000 llegaron a la ciudad de Barcelona.
Después de tomar Barcelona y Cumaná; ciudades donde el Taita se deleitó bailando el Piquirico y mandando a los blancos de la región. La tradición oral apunta que el Taita también mandaba a la gente a bañarse: un prisionero era alanceado y lanzado su cuerpo al río de la ciudad, tanto el Neverí como el Manzanares, y el Taita, quien celebraba en algún puente, se deleitaba entre mujeres y alcohol cada vez que veía pasar otro cuerpo más flotado río abajo; Boves se alistó para eliminar el último reducto del ejército patriota que se había acantonado en Maturín. Los ejércitos se encontraton en Urica y ahí acabaron la Segunda República y el Reino del Taita.
V: Su legado
La historia del Taita es difícil de contar. Su vida en Asturias, su trabajo como marino mercante, los cargos que lo condenaron a vivir en Calabozo y otros momentos de su vida están llenos del más grande misterio debido a la falta de documentación. Su condición de caudillio sanguinario y antipatriota hizo que fuese olvidado por la historia escrita por los vencedores, los mismos mantuanos que tuvieron que aprender por las malas a satisfacer no sólo sus aspiraciones políticas sino las peticiones del grueso de la población, una masa de pardos y negros que vivían sumidos en la más grande miseria y obligados a respetar la superioridad de una raza que al darle la espalda a la corona y la Iglesia Católica, le dio la espalda a lo único que asentaba su poder sobre los venezolanos. En cierta forma, Boves terminó siendo el padre de la democracia en Venezuela. Si Boves no hubiese despertado a los llaneros la revolución de los mantuanos que se basaba en la sociedad de castas colonial hubiese sido vencida (regreso al estado colonial) o hubiese triunfado, creándose una de las república basada en los privilegios políticos y económicos de la élite mantuana que tan sólo formaba el 1,4% de la población del país para aquella época; aunque si los llaneros no se hubiesen sublevado con el Taita lo más probable sería que tampoco se hubiesen sumado al ejército libertador que llegó hasta Bolivia.
Antes de ser vencido, ya Boves desacataba abiertamente la autoridad real representada en la figura del Cpitán General Cajigal, y la sensación de pánico campeaba libremente por las psique de sus opositores como la de sus seguidores, como el mismísimo arzobispo de Caracas Narciso Coll y Prat. Por estas razones la metrópolis había embarcado un ejército a mando de Pablo Morillo, un ejército que llevaba el título de pacificador no porque iba a capitular con los insurgentes, quienes gracias a la acción del Taita ya no tenían más ejércitos, sino que debía someter nuevamente al Taita a la autoridad real y detener la matanza de blancos. Pareciera ser que la corona dejó que el Taita hiciera la limpieza por ellos, él mata a los mantuanos (quienes habían matado a los españoles) y desata el caos en toda la Capitanía General para que una nueva generación de blancos peninsulares tome el poder político de una colonia cuyo orden iba a ser repuesto a punta de espadas, sólo que esta vez extranjeras.
Otro detalle importante es que no es hasta la muerte de Boves que se puede hablar de la Guerra de la Independencia como una lucha entre un ejército propio de un país luchando contra el de otro país que lo tiene colonizado, no es hasta la entrada en escena de Pablo Morillo, quien llega a principios de 1815, que llega el primer ejército español a Venezuela. Hasta entonces todo había sido una guerra civil, una lucha de poder entre tres castas, una que quería mantenerse con el poder político, otra que lo deseaba y le era prohibido por las estrictas y a veces asfixiantes leyes coloniales y otra que no sabía muy bien lo que quería, pero incluía acabar con las otras dos. Dicen que el Decreto de Guerra a Muerte de Bolívar es el nacimiento de la idiosincrasia americana. Aplicando lo mismo, podemos identificar en las travesuras del asturiano un probable inicio de nuestra nación.
Son esos mismos llaneros quienes dirigidos por Páez y Bolívar van a crear nuestra nación y otras más, borrando un imperio del mapa en el camino. Boves es como Chávez, el Comandante logró que la mayoría de la población se interesase por el devenir político del país y reforzó el vínculo que une a la población con su patria (sea eso bueno o malo y sea usted chavista o no), el Taita sacó a pasear a unos llaneros y terminó dándole el mejor ejército de América a Bolívar.
Vinculando también al Taita con el bolivarianismo, sospecho que los méritos que colocan a ése Bolívar ficticio que nutre los altares de la religión popular junto al Negro Primero y María Lionza son los mismos méritos que hicieron de Boves una figura que, en su tiempo, no sólo era odiada sino amada por muchos.
Taita significa papá en argot llanero. Toda nuestra historia de Boves para acá se define así, un tipo carismático surge de cualquier lugar con una partida de seguidores armados y lucha por el poder político absoluto, hasta que otro igual a él lo tumbe. Hoy en día mucha gente quiere vincular esa forma de ver a los líderes políticos con la falta de padre típica en los hogares venezolanos desde que los españoles llegaron a divertirse creando nuevas razas a punta de violaciones. Probablemente el Taita haya muerto, pero su reino sigue vivo en nuestra forma de organizarnos como pueblo; todo presidente venezolano que se estime es seguido por sus partidarios como lo hacían los llaneros al Taita. Quizás nunca hayamos tenido presidentes, probablemente es la dinastía de los Boves, una dinastía que no se pasa por derecho de sangre sino por derecho de fuerza, como todo acá. no tenemos presidente sino tenemos un señor que ocupa el trono del Taita.
Otro dato curioso es que Boves era malo para los patriotas y también era malo para los españoles. Si muchos héroes y antihéroes fueron olvidados por razones políticas, Boves fue olvidado dos veces; y si era recordado era sólo para pintarlo como el peor villano a quienes se enfrentaron los patriotas. Pero el Taita siguió vivo en las tradiciones orales, que a veces toman un matiz especialmente sanguinario. Dos ejemplos serían su paso por Ocumare, donde se dice que mandó a desmembrar todos los cadáveres de los caídos en batalla y los prisioneros, para decorar las calles del pueblo con los troncos mutilados y clavando en las rejas de las casas las extremidades y los miembros viriles de los cadáveres. Otro ejemplo es una forma de ejecución que practicaba, de la cual también hay evidencia escrita en las memorias de uno de sus soldados, en la que los prisioneros eran enterrados cerca de un hormiguero hasta el cuello, dejando asomar tan sólo las cabezas que eran rociadas con melaza para que en media hora sólo quedara una calavera pulcra unida por el cuello a un cuerpo enterrado y aún fresco.
Y lo más impresionante de todo es que lo único material que dejó para la posteridad fue una nota de deuda por 300 pesos a uno de sus soldados. Cinco años después de su muerte fue ascendido a Brigadier y Manuela de la Iglesia de Bobes, su madre, gozó al fin del beneficio de una pensión del estado gracias a las andanzas de sus hijos por una tierra lejana, una tierra que lo llamaba Taita.